La igualdad de género en América Latina

Es esencial garantizar los derechos de las mujeres para tener mejores sociedades latinoamericanas.

El Tiempo
Edición Domingo – Americas Quarterly 
03 de enero 2021
El progreso que se logró en materia de igualdad de género en la región se está revirtiendo, en gran parte por la pandemia. Los estudios muestran que las mujeres realizan un porcentaje aún muy alto de las tareas domésticas no remuneradas, alrededor del 15 por ciento de los hogares reportan un aumento de la violencia intrafamiliar, el desempleo crece más rápidamente entre las mujeres y muchas están abandonando la escuela, lo que compromete el futuro de toda una generación. Estos son algunos de los puntos que se deben abordar para lograr mantenerse en el camino.

Los retos de las candidatas femeninas en la región

Betilde Muñoz-Pogossian y Flavia Freidenberg

Los estereotipos de género son una de las varias razones por las que las mujeres en América Latina y el Caribe siguen estando políticamente infrarrepresentadas. Hoy en día, solo dos jefes de Estado y apenas el 15,5 por ciento de los alcaldes y el 27,3 por ciento de los concejales son mujeres. Si bien América ocupa el segundo lugar después de los países nórdicos, con una representación del 31,8 por ciento en sus legislaturas, eso está lejos del 50 por ciento que representan en la población y en el grupo de votantes registrados.

Las mujeres que se postulan para cargos públicos enfrentan preguntas casi inimaginables para los candidatos masculinos, tienen más dificultades para obtener fondos de campaña y lidian con estereotipos misóginos, incluso, de sus colegas.
Las entrevistas con mujeres políticas y encargadas de campañas de toda la región nos permitieron comprender mejor por qué sigue siendo tan difícil para las mujeres postularse para cargos públicos en América Latina. Sin embargo, algunas soluciones innovadoras pueden ayudar a las candidatas a ser más competitivas.

Preguntas de todos lados

Una de las primeras barreras que enfrentan las candidatas es la percepción pública del liderazgo femenino y si una mujer puede ser elegida. En América Latina, las mujeres políticas “enfrentan más resistencia y prejuicios de los ciudadanos con respecto a su capacidad de liderazgo” que sus contrapartes masculinas, señaló la consultora política argentina y experta en liderazgo de mujeres Virginia García-Beaudoux.

Los votantes potenciales también tienen que superar “la opinión de que una mujer no tiene posibilidades de ganar o gobernar un país”, dijo Armando Briquet, un experto venezolano en campañas que ha trabajado con varias candidatas legislativas y presidenciales en América Latina. La noción de que las mujeres son menos capaces de ganar puede convertirse fácilmente en una profecía autocumplida. “Como ella ‘no puede ganar’, muchos votan por otras opciones incluso si les gusta su candidatura”, dijo Briquet.

La mayor resistencia a las mujeres en la política a menudo proviene de sus propios partidos. La ubicación en las listas de partidos es un factor determinante para el éxito electoral. Daniela Chacón, exvicealcaldesa de Quito, señaló que con demasiada frecuencia las mujeres son las “segundas en la lista”, como ella, porque “hay que seguir las pautas del partido”.

Las mujeres que aspiran a cargos públicos se enfrentan a preguntas inimaginables, tienen mayores dificultades para obtener fondos y lidian con estereotipos misóginos, incluso, de sus propios colegas

En algunos casos, el sexismo es muy explícito. Como cuando Johana Bermúdez, quien se postuló para el Congreso de Honduras, logró saltar del lugar 227 en la lista de su partido al cuarto en función de su número de votos; al igual que un colega suyo, que tenía menos logros académicos y menos experiencia, logró pasar del puesto 200 al segundo. “Nadie me preguntó cómo lo hice. En cambio, mis propios compañeros de partido comenzaron a preguntarme ‘¿A quién le pagó, doctora?’, ‘¿con quién te acostaste, doctora?’. Esto pasa porque no pueden concebir que una mujer del partido pueda lograr estos resultados con base en su carisma, talento, disciplina y trabajo organizado”.

Algunos medios de comunicación presentan a las candidatas con términos que rara vez se utilizan para referirse a sus homólogos masculinos. La cobertura de los medios de comunicación desigual y sexista a menudo refuerza estas percepciones. Por ejemplo, el Proyecto de Monitoreo Global de Medios (GMMP) encontró que de 22.000 artículos analizados en 2015, las mujeres fueron temas de noticias en solo el 24 por ciento. Según el reporte sobre América Latina del GMMP, “las mujeres estuvieron representadas principalmente en roles tradicionales, temas sociales y de salud”, y los medios identificaron a las mujeres con relaciones familiares tres veces más que a los hombres. “Nos evalúan en función de los roles de género: si somos buenas madres, esposas o hijas, nuestra apariencia física, nuestras relaciones personales”, dijo la congresista mexicana Martha Tagle.

Nivelar el campo de juego

Las candidatas también enfrentan barreras para financiar sus campañas. En agosto de 2019, el Proyecto de Reformas Políticas de América Latina reveló que casi el 50 por ciento de los políticos masculinos y femeninos encuestados dijeron que existe una brecha de género en la distribución del financiamiento de las campañas dentro de los partidos. También observaron que las mujeres tienen un acceso más limitado a las redes de financiación en comparación con los hombres, con frecuencia extrayendo de sus fondos personales o dependiendo de las donaciones de sus familias.

En los últimos años, América Latina ha experimentado con mecanismos para corregir la subrepresentación política de las mujeres. El financiamiento público es una de las herramientas políticas más poderosas disponibles. Panamá, México, Costa Rica, Colombia, Brasil y Honduras han asignado fondos para la capacitación en liderazgo de mujeres. El Gobierno brasileño financia indirectamente las campañas de mujeres al proporcionar tiempo de transmisión gratuito específicamente para las candidatas a nivel federal. Los fondos estatales adicionales se destinan a los partidos políticos de Chile y Costa Rica que logran que las mujeres sean elegidas.

El crowdfunding, o la recaudación de fondos en línea para mujeres candidatas, ha surgido como una alternativa a la financiación pública dirigida. En las elecciones mexicanas de 2018, líderes del gobierno, la academia y la sociedad civil lanzaron un fondo que cubría todos los honorarios legales y administrativos de las candidatas que enfrentaban ataques de género.

Otros se han dirigido con éxito a los prejuicios de género en los medios. Los programas de formación pueden ayudar a los periodistas a tomar conciencia de sus prejuicios. En 2017, el Instituto Nacional Electoral de México, junto con organizaciones de la sociedad civil, capacitó a periodistas para evitar preguntas personales, estereotipos y dobles raseros para que pudieran cubrir a mujeres y hombres por igual.

Las candidatas y sus jefes de campaña deben darse cuenta de lo obvio: ser mujer puede ser una ventaja comparativa cuando se postula para un cargo público. Esto puede reducir los incentivos para que las mujeres se “masculinicen” en un intento por desviar la discriminación. Las contiendas electorales justas en América Latina dependen de la normalización de las mujeres que se postulan como mujeres.

Con información de El Tiempo.
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