Absorben mujeres labores extras en la pandemia

Desde inicios de la pandemia, las mujeres han asumido la mayoría de labores extras, como la educación y el cuidado de la casa y la familia, aseguró la doctora en Antropología Social Liliana Ibeth Castañeda Rentería, de la Universidad de Guadalajara.

Gaceta UNAM.
Daniela Estefanía Pamatz.

Desde inicios de la pandemia, las mujeres han asumido la mayoría de labores extras, como la educación y el cuidado de la casa y la familia, aseguró la doctora en Antropología Social Liliana Ibeth Castañeda Rentería, de la Universidad de Guadalajara.

Nadie se preguntó si ellas necesitaban algún tipo de ayuda que les permitiera llevar su salud mental, física y económica. Sólo en México, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía, durante el confinamiento, seis de cada 10 mujeres han sido las encargadas de las labores domésticas y de cuidado, en comparación con cuatro de cada 10 hombres. Sin embargo, la igualdad y equidad de género van más allá de las tareas domésticas.

En el ámbito mundial, la situación laboral de las mujeres ha empeorado drásticamente, según la Organización Internacional del Trabajo, 4.2 por ciento del empleo de las mujeres ha sido destruido frente a tres por ciento en el caso los hombres.

En este sentido, se estimó que, durante los primeros meses del confinamiento, más de 54 millones de mujeres de todo el mundo perdieron su trabajo y uno de los sectores más afectados fue el manufacturero y de servicios.

“Un grupo importante se quedó sin trabajo; otro, a lo mejor tuvo que cambiar hacia empleos más precarios. Aquí, desafortunadamente, las mujeres siempre están en peores situaciones”, puntualizó Isalia Nava Bolaños, del Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM.

En el conversatorio Covid-19, Teletrabajo y Cuidados: Experiencias y Desafíos para la Autonomía Femenina, organizado por dicho Instituto, uno de los temas en los que más se ahondó fue el de la precarización laboral, pues de acuerdo con las ponentes, éste ha existido antes y durante la pandemia, de tal forma que mantener un empleo se ha convertido en un privilegio.

Fueron las mujeres quienes tuvieron que abandonar sus empleos o reducir su productividad para realizar labores domésticas, como la limpieza y la preparación de los alimentos, a pesar de que ellas pudieran tener un mejor salario que su pareja.

Castañeda también recalcó que el combinar las actividades del hogar con el ámbito laboral fue uno de los principales inconvenientes para que las mujeres pudieran realizar el teletrabajo, mientras que, en el caso de los hombres, su mayor dificultad era la conexión de Internet.

Las mujeres se han visto más afectadas por la pandemia y es necesario visibilizar lo que está aconteciendo, con el propósito de crear nuevas condiciones laborales decentes, porque, al final, más allá del género, se trata de un tema de derechos humanos en el que las actividades de todos sean reconocidas.

En el último año y medio, su salud mental y emocional se ha visto más quebrantada, debido a que han tenido que sobrecargarse en otras actividades y abandonar su autocuidado

Otros efectos
En el último año y medio, tanto la salud mental como emocional de las mujeres se han visto más quebrantadas, debido a que ellas han tenido que sobrecargarse en otras actividades y abandonar su autocuidado. Todo esto les ha generado estrés, cansancio y ansiedad.

“Terminan ajustando en términos propios, durmiendo menos horas, dedicando menos tiempo a cuestiones vinculadas al ocio o alguna actividad”, dijo Nava. Consecuentemente, han desarrollado problemas como el agotamiento crónico, ansiedad, depresión y soledad.

Al respecto, Sandra Lorenzano, de la Dirección de Cultura y Comunicación para la Igualdad de la Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM, destacó que es necesario reducir la brecha de género y “crear estrategias comunitarias, institucionales y de política pública que pongan el tema de los cuidados en prioridad”.

A pesar de los años de lucha para erradicar las desigualdades de género, la pandemia está causando un retroceso y no sólo en los derechos de las mujeres, sino también en los espacios donde ellas se desenvuelven. Por eso, es vital debatir y reflexionar sobre cómo repercutirá todo esto a mediano y largo plazos.

Finalmente, Castañeda precisó: “no podemos retornar a la normalidad porque ésta ya era desigual e injusta para muchas mujeres, lo que tenemos que hacer es construir una nueva”.

Para un futuro más justo, es vital la igual de género y poner en marcha estrategias y políticas de empleo que consideren a las mujeres, así como invertir en la economía del cuidado, salud y enseñanza, concluyó.

Con información de Gaceta UNAM.

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