Reforma para prevenir la violencia y explotación laboral de las personas residentes médicas

Ante el alto índice de abusos reportado, la Cámara de Diputados aprobó medidas para prevenir la violencia y explotación laboral de residentes médicas.

La violencia en la formación del personal médico se ha normalizado a tal punto que hasta se considera necesaria, lo cual no se debe permitir, dijo la diputada federal Lilia Villafuerte Zavala (PVEM) previo a la aprobación de una reforma para prevenir este problema.

Esta semana la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad modificar el artículo 90 de la Ley General de Salud (LGS) para crear entornos libres de violencia y explotación laboral en las instituciones del Sistema Nacional de Salud.

El documento fue enviado al Senado donde se someterá a análisis y, en caso de recibir aprobación, se publicará en el Diario Oficial de la Federación (DOF) para su entrada en vigor.

“Como madre, he sido testigo de los efectos de la violencia que se ejerce en el sector salud contra los médicos residentes y estudiantes de medicina. Y tristemente, en el caso de muchos de ellos, la situación los orilla a renunciar a sus sueños de convertirse en especialistas”, señaló la legisladora al pedir el apoyo del pleno para aprobar esta iniciativa.

En 2017, el investigador de la Universidad de Guadalajara, Martín Acosta, documentó casos de residentes de medicina interna, cirugía general y traumatología y ortopedia que debido a lo que vivían en su formación llegaron a ideaciones suicidas. Esto lo muestra en su libro Determinaciones sociales en el sistema de salud mexicano.

“Se estima que 59.4% de los estudiantes de medicina y 63.4% de los residentes —estudiantes de una especialidad médica— han sufrido alguna forma de maltrato o discriminación durante su formación profesional”, según una investigación de Marcia Villanueva Lozano, académica de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Las mujeres y otras personas pertenecientes a grupos históricamente discriminados son más vulnerables en un sistema que, como lo señala la diputada Lilia Villafuerte “se rige bajo una estructura jerárquica” que “resulta autoritaria y abusiva”.

Prevenir violencia y explotación laboral
La modificación aprobada agregó la fracción V al artículo 90 de la LGS. Dicho artículo establece obligaciones de la Secretaría de Salud (SSa) y los gobiernos estatales en materia de formación, capacitación y actualización del personal.

El agregado indica que corresponde a la SSa y a los estados: “Promover la creación de programas de capacitación para prevenir y atender los casos de violencia, acoso y hostigamiento hacia el personal médico, médicos residentes y estudiantes de medicina, a fin de crear entornos libres de violencia y explotación laboral en las Instituciones del Sistema Nacional de Salud”.

Las residencias médicas son cursos de especialización para quienes ya terminaron la carrera de medicina general y quizá incluso ya ejercer su profesión. Esta preparación se lleva a cabo en los hospitales.

En esa formación existen claras relaciones de poder, donde las médicas y los médicos especialistas son quienes ponen las reglas.

Algunas de las las distintas formas de violencia que experimetan en esos cursos son verbal, física y sexual, además de la discriminación por género, apunta Marcia Villanueva en su reporte Discriminación, maltrato y acoso sexual en una institución total: la vida secreta de los hospitales escuela.

“La mayoría de los entrevistados reportó que el acoso sexual a las alumnas por parte de profesores y médicos de mayor jerarquía es muy común”, señala la investigación de Marcia Villanueva.

“Había un doctor que cómo me molestaba […] era muy irritante, porque se paraba atrás de mí […] y se me pegaba, me respiraba atrás de la cabeza y me decía cosas, así como ‘Ay, linda, ¿cuándo salimos?, ¿quieres operar?, ¿quieres meterte a la cirugía de no sé qué?’”, le dijo una residente a la investigadora.

“De la vasta cantidad de anécdotas de acoso sexual recopiladas en campo, llama la atención que, en muchas ocasiones, estos comportamientos son públicos y cuentan con la aceptación-velada en mayor o menor grado-de la institución (el hospital escuela) y de la comunidad médica”, indica el estudio.

20 horas seguidas trabajando
Las largas jornadas laborales son otra violencia constante. Cumplen más de 80 horas semanales, según el estudio Mobbing en médicos residentes e internos en un hospital de segundo nivel de atención en la CDMX, de Eduardo Vilchis-Chaparro y Leslie Cruz-Ruiz.

Lo anterior “es un factor de riesgo para desarrollar depresión, ansiedad, síndrome de burnout, relaciones interpersonales inadecuadas entre coetáneos y reproducción social de la cultura de poder de la especialización”, agregan en el documento.

Para soportar esas jornadas agotadoras, muchas personas recurren a “drogas médicas como analgésicos narcóticos, tranquilizantes, sedantes, anfetaminas/estimulantes, al igual que drogas como marihuana y cocaína, sumado al alto consumo de alcohol”.

En muchos casos, dijo la diputada Lilia Villafuerte, “se encuentran obligados a laborar por más de 20 horas seguidas, incluso sin la esperanza de un séptimo día de descanso”.

Quienes les imponen estas cargas “suelen ser aquellos con más experiencia o en posiciones superiores, que ejercen su autoridad de manera abusiva, creando un círculo vicioso, donde las víctimas de hoy pueden convertirse en los agresores de mañana, perpetuando un ambiente de miedo y opresión, el cual debe ser erradicado”, agregó.

La iniciativa, presentada por el diputado Luis Edgardo Palacios Díaz (PVEM) se aprobó por unanimidad.

Con información de Blanca Juárez, El Economista.

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